El ángel celestial hace rato no visita el balcón celeste y blanco. Demasiado. La cuenta acumula años y frustraciones continuas. Pero, ¿qué pasa? ¿Por qué una potencia mundial no puede carretear si tiene todo para hacerlo? Algo no está bien. Algo no funciona. Estos 18 años de tristezas acumularon muchísimas lágrimas, algunas sinceras, otras de cocodrilo. A la gente, al hincha de Usuahia a La Quiaca; a todos les duele ir de tropezón en tropezón.

Uno de los cabos está suelto. O el hincha es exigente al vicio o Argentina, a nivel mayores, dejó de ser el monstruo creado gracias a los títulos mundiales del 78 y del 86. ¿Falta equipo? ¿Jugadores? No, en absoluto. Si hay algo en este planeta que sobra es sangre astuta y chicos de buen pie. Falla la gestión, el orden, la logística para formar un grupo tan compacto como atrevido. Y no viene de ahora esto. Desde el 93 nadie puede descorchar nada. Está prohibido. Allá en Ecuador se fue el último brindis por haber ganado una Copa América. Después, agua. Siempre se regresó temprano y con las manos vacías.

Hoy, Batista es el verdugo de estrellar una Ferrari 0 KM; si se rebusca en la historia, ni Passarella ni Bielsa ni Pekerman ni Basile ni Maradona pudieron corregir el curso de un rejunte de grandes estrellas que, vaya a ser cómo, siempre terminan al costado de la ruta. Falta gestión, análisis, visión de proyecto. Este nuevo adiós dolerá más que cualquiera porque es reciente y fue en el patio de nuestra casa. Y porque al que tanto se lo criticó, demostró esta vez ser de las grandes ligas. Lionel Messi no le falló a la Selección, Tevez tampoco; Higuaín, Agüero, Romero y Gago menos. El sistema se quebró. Nunca hubo una coordinación entre partes, la defensa pide asilo en el Pami y las ideas locas de "Checho" se hundieron solas, varadas en una creencia que ni él supo mantener. Un combinado nacional no es un capricho, no es un laboratorio. Bastante ya con la debacle del semillero nacional en competencias internacionales. Se patina constantemente.

Las misiles irán al dueño del circo, a Julio Grondona, que nunca echó a nadie, pero que deberá comenzar a hacerlo. Hace falta una bomba nuclear en AFA, un comienzo de cero, sin vicios, trueques ni trabajos de onda a viejos amigos o ex glorias. Se solicitan dadores de ideas convincentes, de planes reales de tipos hechos a la medida de un escudo tan difícil de conducir como sabroso de disfrutar. Hace falta amor propio, poner las cartas sobre la mesa. Si no, el castigo puede ser superior a los 24 años de pesadillas padecidas por Brasil, del 70 al 94. Toda una vida.